
Más allá de su versatilidad culinaria, la miel destaca por sus propiedades nutricionales y medicinales, lo que lleva a muchas personas a preguntarse qué sucede en el organismo cuando se consume de forma diaria.
La importancia de elegir una miel de calidad
No todas las mieles son iguales. Existen numerosas variedades y, para aprovechar realmente sus beneficios, es fundamental optar por una miel pura y de buena calidad, evitando aquellas a las que se les añade azúcar u otros jarabes.
Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la miel se clasifica principalmente en dos tipos:
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Miel de flores, obtenida del néctar de plantas como brezo, tilo, acacia, romero o árboles frutales.
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Miel de rocío, procedente de secreciones de árboles como el abeto o el abeto rojo.
¿Por qué la miel es beneficiosa para la salud?
Además de ser un alimento natural, la miel es valorada por sus usos tradicionales en el cuidado de la salud. De acuerdo con fuentes oficiales, se trata de una disolución acuosa concentrada de azúcares naturales, que contiene también enzimas, aminoácidos, ácidos orgánicos, minerales, sustancias aromáticas, pigmentos y otros compuestos bioactivos.
Consumida con moderación y siempre que no existan contraindicaciones —como en el caso de personas con diabetes—, la miel puede aportar múltiples beneficios:
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Ayuda a reducir el colesterol LDL (colesterol “malo”)
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Contribuye a disminuir los niveles de triglicéridos
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Previene la formación de coágulos sanguíneos
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Protege al corazón frente al estrés oxidativo
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Tiene propiedades antioxidantes y antimicrobianas
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Favorece la cicatrización de quemaduras leves
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Alivia la tos y suaviza la garganta en procesos respiratorios
Entre todos estos efectos, uno de los más destacados es su impacto positivo en la salud del hígado.
¿Cómo afecta la miel al hígado?
El hígado cumple funciones vitales como la desintoxicación del organismo, el almacenamiento de vitaminas y minerales, y la producción de bilis para facilitar la digestión. Mantenerlo en buen estado es clave para la salud general.
Diversos estudios señalan que el consumo regular de miel puede contribuir a proteger y mantener la función hepática. Uno de sus principales beneficios es la reducción de un marcador clave de la enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA), una de las afecciones hepáticas más comunes a nivel mundial, caracterizada por la acumulación de grasa en las células del hígado.
Gracias a sus compuestos antioxidantes y antiinflamatorios, la miel ayuda a disminuir los niveles de grasa hepática, lo que puede reducir el riesgo de desarrollar esta enfermedad o incluso ralentizar su progresión en personas que ya la padecen, siempre como parte de una dieta equilibrada y un estilo de vida saludable.