
Su planteamiento es directo y contundente: cuando la insulina está baja y el glucagón está alto, el cuerpo convierte la grasa almacenada en energía. No se trata de dietas milagrosas ni de entrenamientos extremos, sino de comprender cómo funcionan las hormonas que regulan el uso de la energía en el organismo.
Quemar grasa no es magia, es fisiología
El cuerpo humano utiliza distintas fuentes de energía dependiendo del contexto metabólico. En algunos momentos quema glucosa; en otros, grasa. La decisión no es consciente ni aleatoria, sino que está dirigida por señales hormonales muy precisas.
Según el doctor Bayter, muchas personas fracasan al intentar perder peso porque no crean el entorno hormonal adecuado, aunque hagan ejercicio o reduzcan calorías. Sin ese entorno, el cuerpo simplemente no activa los mecanismos necesarios para usar la grasa corporal como combustible.
Aquí entran en juego dos hormonas clave: la insulina y el glucagón.
Qué es la insulina y cuál es su función real
La insulina es una hormona producida por el páncreas cuya función principal es reducir los niveles de glucosa en sangre. Cuando comemos, especialmente carbohidratos, la glucosa aumenta y la insulina se libera para llevar ese azúcar hacia las células, donde se usa como energía inmediata o se almacena en forma de glucógeno y grasa.
Cuando la insulina se mantiene elevada de forma frecuente, el cuerpo entra en un modo de almacenamiento. En este estado:
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Se prioriza el uso de glucosa como energía
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Se bloquea la liberación de grasa almacenada
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Se favorece el aumento de tejido adiposo
Por eso, niveles constantemente altos de insulina dificultan la pérdida de grasa, incluso en personas activas.
Insulina baja: el punto de partida para quemar grasa
Cuando la insulina desciende, generalmente porque pasan varias horas sin comer o porque se reduce la carga de azúcares, el cuerpo entra en una condición metabólica distinta. En este estado:
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Disminuye el uso de glucosa como combustible principal
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Se desbloquea el acceso a las reservas de grasa
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Se activa la liberación de ácidos grasos para producir energía
Desde el punto de vista fisiológico, la insulina baja es una señal de que el cuerpo necesita buscar energía en otro lugar, y ese lugar suele ser la grasa corporal.
El papel del glucagón: el activador del uso de grasa
El glucagón también es producido por el páncreas, pero cumple la función opuesta a la insulina. Mientras esta baja la glucosa en sangre, el glucagón la eleva cuando es necesario, liberando energía almacenada.
Cuando el glucagón está alto:
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Se libera glucosa almacenada en el hígado
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Se estimula la quema de grasa
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Se mantiene estable el suministro energético
Esta hormona actúa como un interruptor metabólico que permite al cuerpo sobrevivir y funcionar correctamente cuando no hay comida disponible de inmediato.
Insulina baja + glucagón alto: la combinación clave
El doctor Bayter resume el proceso de forma clara: la quema de grasa ocurre cuando la insulina está baja y el glucagón alto. Esta combinación hormonal crea el entorno perfecto para que el cuerpo deje de almacenar energía y empiece a utilizar la grasa acumulada.
Ambas hormonas trabajan en equilibrio para regular el azúcar en sangre. No son enemigas, sino complementarias:
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La insulina domina en estados de abundancia
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El glucagón predomina en estados de ayuno o déficit energético
Cuando ese equilibrio se inclina hacia el glucagón, el cuerpo entra en un modo de uso eficiente de sus reservas.
Por qué muchas personas no logran perder grasa
Uno de los errores más comunes es pensar que comer menos automáticamente conduce a quemar grasa. En realidad, si la insulina sigue elevada, el cuerpo se resiste a usar la grasa, incluso con pocas calorías.
Factores que mantienen la insulina alta incluyen:
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Consumo frecuente de azúcares y harinas refinadas
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Comer constantemente sin periodos de descanso digestivo
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Bebidas azucaradas y productos ultraprocesados
En estos casos, el cuerpo sigue recibiendo la señal de almacenar energía, no de liberarla.
Aprender a manejar las hormonas cambia los resultados
El mensaje central del doctor Bayter es que comprender y respetar la fisiología hormonal transforma por completo los resultados en la pérdida de peso. No se trata solo de cuánto se come, sino de cuándo y cómo se come.
Al permitir que la insulina descienda de forma natural y que el glucagón cumpla su función, el organismo entra en un estado metabólico más eficiente, donde la grasa deja de ser un problema y pasa a ser una fuente de energía.
Este enfoque explica por qué algunas personas logran reducir grasa corporal sin recurrir a medidas extremas, mientras otras se estancan pese a grandes esfuerzos.
La quema de grasa es un proceso regulado, no aleatorio
La idea de que el cuerpo quema grasa “por suerte” o “porque tocaba” es un mito. Todo responde a señales internas bien definidas, especialmente hormonales. Cuando el entorno no es el adecuado, el cuerpo simplemente no activa los mecanismos de quema de grasa, aunque exista un déficit calórico.
Comprender esta realidad permite abandonar la frustración y enfocarse en crear las condiciones correctas para que el cuerpo haga lo que está diseñado para hacer: usar la grasa como energía cuando realmente la necesita.
Una visión más científica de la pérdida de peso
La afirmación del doctor Bayter pone sobre la mesa una verdad incómoda pero liberadora: perder grasa no depende de fórmulas mágicas, sino de entender la biología básica. Insulina y glucagón son piezas centrales de ese rompecabezas.
Cuando el equilibrio hormonal es el adecuado, la quema de grasa deja de ser una lucha constante y se convierte en un proceso natural del organismo. Ese conocimiento, bien aplicado, puede marcar una diferencia real y sostenible en la salud metabólica y el control del peso.