El estudio en Taiwán y cómo se midió el envejecimiento
La investigación se basó en el seguimiento de 24.922 adultos en Taiwán, con una edad biológica media de 46,3 años. Los científicos definieron la aceleración del envejecimiento como la diferencia entre la edad cronológica y la edad biológica, esta última calculada mediante pruebas de salud que incluyeron función hepática, renal y pulmonar, así como inflamación, colesterol y presión arterial.
El análisis abarcó un periodo de 14 años (2008-2022), durante el cual los investigadores evaluaron cómo la exposición acumulada a olas de calor afectaba al organismo. Para el estudio, se consideraron olas de calor aquellos episodios en los que las temperaturas extremas se mantuvieron durante más de dos días consecutivos.
Resultados: impacto del calor en el envejecimiento
Los datos revelaron que con cada aumento del rango intercuartil de exposición acumulada al calor se producía un incremento de entre 0,023 y 0,031 años en la aceleración del envejecimiento.
Aunque los participantes parecían desarrollar cierta adaptación tras casi 15 años, los efectos nocivos del calor sobre el envejecimiento biológico no desaparecían con el tiempo.
Los más afectados resultaron ser los trabajadores al aire libre, las personas que residen en el campo y quienes no cuentan con aire acondicionado, lo que evidencia la vulnerabilidad de ciertos grupos frente al cambio climático.
Cambio climático y desigualdades ambientales
El estudio subraya que, debido a que la frecuencia e intensidad de las olas de calor seguirá aumentando en el contexto del cambio climático, es necesario implementar políticas que reduzcan las desigualdades ambientales y refuercen la resiliencia de las poblaciones más expuestas.
En una reacción publicada en la misma revista, Paul Beggs, investigador de la Universidad del Sur de Gales (Australia), calificó el trabajo como “pionero” en mostrar con datos estadísticos cómo el calor extremo puede acelerar el envejecimiento humano.
No obstante, también señaló limitaciones: el estudio no precisó el tiempo real que los participantes pasaron al aire libre ni las condiciones exactas de sus viviendas. Además, advirtió que, al estar basado solo en la población de Taiwán, los resultados no pueden generalizarse automáticamente a otras regiones o climas.